PUERTA PURCHENA IDEAL 19/2/14 Pilar Quirosa-Cheyrouze

 SONETOS Y VIDA

 Hay instantes que se nutren de la realidad y ésta sale, felizmente, a nuestro encuentro. Y se encuentra sumergida en el cuenco de la palabra escrita, transmitiendo fe de vida, auténtica devoción y entrega. Una verdad, serena, palpable, que trasciende los días y nos lega lo mejor de uno mismo. Una suerte de sentimentalidad llena de inquietudes, todo un canto que se hace portavoz de infinitos resortes para beber y sorber, paso a paso, la existencia. Como hizo siempre el querido profesor y escritor Antonio López Ruiz (Murcia, 1924-Almería, 2013), quien nos enseñó a visualizar un camino lleno de propuestas y de esperanzas. Compartimos con él esas horas que siempre regresan, porque la memoria sabe ser conciliadora con la luz, una llama que nunca se apaga cuando se ha reforzado la hondura de la amistad. Durante años, escribió versos llenos de hondura, incluidos recientemente en el poemario “Sonetos a destiempo”, dedicado en gran parte a la memoria de su esposa, Pepita Cruces López, su mujer, su compañera de viaje y madre de sus cinco hijos, fallecida en 1990. El núcleo central del libro obtuvo en el año 1987 el reconocimiento de un certamen convocado por el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde fue finalista. Discípulo de Ángel Valbuena Prat, desde muy joven amó profundamente a los clásicos de la literatura hispana, llevando adelante su compromiso académico en la universidad, a través de la labor de investigación y la vinculación como profesor durante muchos años, especialmente reflejados en su aportación sobre Francisco de Quevedo, aportando renovadores artículos y trabajos, elogiados unánimemente por la crítica.2011-Antonio_López_Ruiz

Pensamientos y creencias que se esbozan frente a la artificiosidad, expresando el significado de la palabra y estableciendo una asociación de ideas, llenas de humanismo y esencialidad. Un imán verbal, que ya expresó a través de su obra narrativa, constancia en el ámbito del descubrimiento, matizando la luz primordial en su poética, cuando “se percibe alguna música escondida/ tras el cántico total del universo”. Felices hallazgos, cuando se enciende todo un campo de posibilidades, lejos del caos del mundo, del desorden y los intrínsecos laberintos.

Desde el manantial creativo, donde fluyen los versos de San Juan de la Cruz, iluminando los senderos de la vida. Un espacio-tiempo revelador, donde se asienta la palabra, la contemplación por lo creado, la energía, el verbo exacto. Frente a la desolación. Amor, palabra, sendero. El canto mariano, revelador de instantes llenos de gozo. El símbolo de la cruz, “presencia de un Dios que descendió a su criatura”. Arco de un tiempo que nace para sed de vida, aprendizaje de las horas, redimidas por la noche y su silencio. Una primavera, que es trasvase de luz frente a las sombras, que detiene la soledad tras los cristales, acompañado por una música de Chopin, recuperando los últimos vestigios y la intrahistoria, los pasajes granadinos del rey Boabdil. Vida y visión ecológica, sueños y retazos de naturaleza vibrante, en la que el escritor y profesor creía. Frente a los avatares del devenir, la miseria, los horrores y la injusticia. Forjador de libertades, en intensa andadura machadiana, con todas las certezas en el ancho páramo de una vida.

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