PUERTA PURCHENA  IDEAL 2/3/16  Pilar Quirosa-Cheyrouze

 

UN CAMINO EN EL TIEMPO

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El viento de levante azota en estos momentos la costa almeriense y se nos marcha febrero en una tarde desangelada, en un invierno que nos llega un poco tarde, como todo o casi todo en la vida, un trayecto de inquietudes y esperanzas. La existencia, una franja caduca de tiempo que se va escurriendo entre las manos, entre los cauces de un camino que nos lleva a admitir la única e inexorable evidencia, que somos leves y que esa levedad nos conecta con la tierra. Ahora mismo pienso en Charo, amiga desde siempre y para siempre, que se nos fue hace escasos días. Charo Alcaraz, con quien tanto quisimos. Sus familiares, compañeros y amigos, pudimos despedirla en medio de una aflicción que solo puede entenderse desde el cariño inmenso. En la estela hernandiana, elegíaca, “temprano levantó la muerte el vuelo”, imantando en la piel la pulsión de la tristeza.

Los libros acompañaron a Charo Alcaraz durante muchas jornadas de trabajo en la librería Cajal, fundada por el profesor y editor José María Artero junto con un grupo de compañeros de profesión. La histórica librería, situada entre las calles Reyes Católicos y Navarro Rodrigo, nació para el público en 1964 y cerró definitivamente sus puertas en el año 2008. José Romo, marido de la profesora Concha Zorita, se hizo cargo de la gerencia de la librería y delegó con el tiempo la responsabilidad en su hijo, Ángel Romo Zorita. La Cajal se convirtió en un lugar de encuentro para muchos almerienses que acudían a descubrir las últimas novedades y libros de textos para el alumnado y para la preparación de oposiciones. Por aquel entonces, en los años sesenta y setenta no existían librerías como en la actualidad y la Cajal fue siempre un lugar de referencia. Junto a sus compañeros, Charo, nuestra amiga, nos atendía con esa amabilidad que le caracterizaba. Su dulzura y entusiasmo eran apreciados por todos los que tuvimos la suerte de conocerla. Charo llenaba todo el espacio con profesionalidad, humanismo y cercanía. Suave ahora la luz, ante la ausencia. Recuerdo, muy especialmente, cuando en una ocasión me comentó que le hubiera gustado ver editado un libro que tratara sobre el emblema del Indalo, con impresiones de escritores y artistas almerienses. El libro se terminó hace años, está dedicado a ella,  pero  no ha podido ver la luz a tiempo.

Entrañable ha sido el abrazo de sus hermanas, Carmen e Isabel, un momento en que es necesario sostener el ánimo para continuar contemplando el horizonte de la ciudad que Charo tanto amó.  Proyectos llenos de vida, sueños acompañados de sueños. “No perdono a la muerte enamorada”. Quizás, Charo nos esté viendo desde un cielo prometedor, especialmente decorado para ella, con cuadros de nuestros mejores pintores, anclados etéreos al compás de las nubes, notas musicales derrochando matices de sol, y muchos, muchos libros que nos hablen de nuestro Mediterráneo, novelas, surtidores poéticos y ensayos llenos de hondura. Seguramente, no sean estos retazos de tintes elegíacos lo que debiera de ofrecerle a mi buena amiga, un recuerdo que Charo preferiría, sin duda, más alegre, una danza, un vals, una caricia en cualquier lugar del tiempo.

 

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