Séptima Cornisa (2015)             Novela

Editorial: Playa de Akaba

PVP: 10 € + Gastos de envío

email de contacto: quirorion@gmail.com

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PRÓLOGO de Yolanda Cruz López

DESDE LA SÉPTIMA CORNISA

La séptima fila es la mejor ubicación de una sala de proyección para ver una película, soporte expresivo del séptimo arte, o de un patio de butacas desde donde asistir a  una representación teatral, sucesión de cuadros que sustentan un argumento. Esta séptima fila, “oeil du prince” para los franceses, sería un lugar accesible a cualquier espectador puntual o previsor como para  comprar su entrada con antelación.  Ni el respeto a los horarios ni el buen uso de la programación van a ayudar al espectador-lector que se asoma a la séptima cornisa de Pilar Quirosa, a disfrutar del espectáculo desde el único lugar que ocupa el ojo perfecto que todo lo ve.

Asomarse al precipicio desde el que se eleva esta séptima cornisa es asistir a una partida de ajedrez que se desarrolla sobre un tablero en el que se reflejan las constelaciones del mapa estelar, un tablero que se define en las curvas de la hoja de ruta que viste la piel de Yolanda, “el caballero” bergmaniano que permite a la única voz que todo lo sabe, prolongar el tiempo mortal lo suficiente como para airear los recuerdos sombríos y las esperanzas mudas de la protagonista.

Las páginas vuelan o bailan rápidas y fluidas ante los ojos del lector “danza, Yolanda… baila ahora Yolanda” mientras la adolescente vive el primer momento creativo compartido, la escritura, carne, sexo, música, alcohol y hierba. Las estrellas en las canciones de Bowie, la muerte y sus estrategias bélicas en los diálogos y las sombras de los lienzos en movimiento de Bergman. Otoño de 1982, la narración literaria diacrónica de recuerdos, fotografías robadas al tiempo para dar cuerpo al flashback imaginado. Teatro, la vida y su ficción, 12 cuadros, como los meses del año, el tiempo que se escapará como a los relojes “derretidos” de Dalí.

La segunda parte se extiende sobre  tablero en el que se debaten la realidad y la ficción “… no existimos para alguien que vive a años luz de distancia”. Cabo de Gata en 2010. Un juego polifónico o un lamento monocorde, la partida de ajedrez se espesa y confunde los tiempos de los hombres, el sonido sin color, el sonido inodoro y frágil. La música como hilo conductor.

Las arañas de Buñuel y Yolanda se despliega, una vida, un mapa y un Norte escondido en la irrealidad del espacio que no se salpica de “esperma estelar”, Alpha agazapado bajo constelaciones y planetas, la existencia del tiempo y la luz más allá de la muerte, la partida continúa.

La IV parte o el despertar a la “Verdad”. La verdad más allá de toda realidad, la verdad sin tiempo, la certeza. El espacio inexistente y ambiguo que se esconde refugiado bajo el mismo cielo titilante de cualquier mes de enero. Atrás queda el espacio inhabitado para recuperar las palabras “vencidas por los sonidos”. Las páginas “envejecidas” de una agenda anterior a la artritis, anterior a la estrategia en el tablero, cifras pertenecientes a aquella “brizna de hierba” a la que un día, antes de la torre frente al alfil, prestamos atención.

Silvio, Jazz, poesía, lienzos, lágrimas, fotos, el cielo.  La séptima cornisa de Pilar Quirosa es un alegato en favor de la verdad, la amistad, el amor, la fuerza y la vida.

Te quiero, mil gracias por permitirme sentarme a mirar desde esa séptima cornisa.

Yolanda Cruz López

Cabo de Gata, junio de 2015

 

Epílogo de la Editora Noemí Trujillo Giacomelli

 El artista

«Quiero que comprendas, Yolanda, que el artista se hace a sí mismo», le dice Eloy a Yolanda en el texto titulado Cuadro 11. Y es mediante esta conversación entre estos dos personajes como la autora de este libro, Pilar Quirosa, nos habla de la personalidad del arte y del artista; y, sobre todo, de lo importante que es que el «artista» se escuche y se enfrente a sí mismo.

La primera parte de estos textos se estructura en bocetos breves que la autora ha llamado «cuadros». La felicidad y los temores de las mujeres es el tema central del primer cuadro.  Con la sensación que nos provoca mirar un crucifijo en el cabecero de la cama  comienza  el segundo cuadro. Y así, entre sensaciones, con una prosa delicadísima que se mueve entre la ficción y la realidad, dentro de una marea de sensaciones complejas, la autora nos va confesando, a través de sus personajes: «Para mí, escribir es como respirar», «lo que no quisiera es escribir contra mí», «en un momento dado todo esto puede ser contraproducente», «la tierra que amas te alcanza, te narra, te glorifica o te derrota».

La estética es muy importante en este libro. Todos los textos tienen una extensión breve, no hay máscaras en ellos ni apariencias ni ningún truco.  Son belleza pura.  Como si de una película se tratara hay planos largos para comenzar algunas historias, panorámicas, planos de conjunto, contraplanos y fundidos a negro. La autora sabe hacer encuadres imposibles con los sentimientos de los personajes, sabe moverse entre líneas, con silencios, en los alrededores de la poesía, la magia del cine y la escritura. La autora va buscando, poco a poco, la complicidad del lector, la verdad que vive en las cosas eternas.

Leer Séptima Cornisa es como sentarse a ver una película de Kiesloskwi: es estar preparado para que, en todo momento, la vida nos envuelva lentamente. Como en una ensoñación. Como si estuviéramos mirando un cuadro. No es casualidad que la autora elija en color Azul como último eslabón para ser feliz.

En el texto, la escritura o el afán literario se entiende como un proceso evolutivo del propio individuo, como una especie de metamorfosis interior.

En este libro viven cientos de sugerencias de cuanto vemos, vivimos y percibimos. Espero, querido lector, que tú encuentres las tuyas y que te aporten tanto como a mí.

Quizá hablar de arte o de la muerte del arte es algo que nos gusta, especialmente, a los artistas, ya que vivimos siempre preocupados por la impronta que dejará nuestra obra. Estoy segura de que este libro gustará mucho a los artistas, pero también a los que, como espectadores, saben valorar la belleza de las cosas bien hechas.

         Querido lector, leer este texto es como escuchar una sinfonía, como jugar al ajedrez, como pasear descalzo por la playa una noche con luna. Espero que disfrutes de todas estas sensaciones, te aviso de que no encontrarás ni una sola página sin una intensidad arrolladora.

Noemí Trujillo Giacomelli

Illescas, 24 de Agosto de 2015

 

 

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